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“El Ángel de los Sueños, nacido en Flores busca murgueros...”

 

...Como si hubiese sido ayer, todavía recuerdo la tarde de verano del 15 de marzo del año 2003, en la que mientras sobrevolaba la Plaza Varela, apareció por primera vez ante mí aquella nueva vecina del barrio que se convertiría al poco tiempo, en el amor de mi vida...

La conocí siendo ella todavía inocentemente chiquita: la encontré bailando y cantando cerca de las hamacas y de los juegos. Como en las películas, el gris de la calle parecía tornarse un arco iris alrededor de aquella hermosa joven que a su paso todo lo alegraba.

Imaginen cómo sería la emoción que tenía aquel día, que hasta juran (y ante la ley) algunos vecinos, que se escuchaban los latidos de su corazón a más de ocho cuadras a la redonda.

Esto era algo nuevo para mi, habituado a los grises abuelos y a sus palomas; a los chicos piojosos y a las señoras chusmeando, triste rutina vivida siempre bajo el acompasado ritmo de los motores y las bocinas. Aterricé sin dudarlo, dejé mi canasta en el suelo y le pregunté temblando como un chico enamorado mirándola a los ojitos:

 

- Disculpáme que interrumpa, pero acá nunca te ví

- de seguro que fue así, hace poco que he nacido

- no parece por tus gritos, que a diez cuadras pude oír...

- Para botonear seguro, que vos no viniste a mí

- Me acerqué para pedir, que me devuelvas el sueño

- ¡pero pez, yo no lo tengo!, no es mi culpa ni ahí!

- ¿no entendés de que se trata? ¿que algo dentro mío pasa?

- ¿pero yo que culpa tengo? ...si recién te conocí

- mejor dejémoslo ahí, quisiera saber tu nombre

- de todas las sensaciones, la que se siente mejor

- no adivino, por favor, ¿me lo comentas entonces?

- Mi nombre completo es, La Satisfacción de Flores

 

 

Durante unas cuantas semanas nos fuimos encontrando tímidamente en aquel mismo lugar. Entre idas y venidas nos buscábamos a propósito aunque sin animarnos del todo a empezar una verdadera historia ya que por aquellos días, una serie de inoportunísimas pero productivas responsabilidades socialmente institucionalizantes, como el estudio, el trabajo, los relojes, la policía, la burocracia y demás, pudieron con nuestro efímero romance de unas cuantas semanas y me alejaron de sus latidos durante un angustioso tiempo...

Dicen que en aquel entonces, ella se fué a callar su pena lejos de la placita, donde dejé de verla. En ese interìn me dediqué a ser útil para todos, a trabajar, a estudiar macroeconomía, juntar estampillas, ser buen ciudadano y ver mucha televisión. Nada servía. No la podía olvidar. Había pasado alrededor de un año desde nuestro último encuentro. El invierno cernía su fría capa y mi corazón todavía rugía al calor del recuerdo de aquella hermosa murga que me esperaba sentada y fumando en el umbral de la calle del futuro. Todos los días de mi vida pensaba en ella. Supe en mi angustia que nunca más volvería a ser feliz si no volvía a verla, y a través de una carta que dicen que es a pilas, electrónica o algo así, pude reencontrarme una vez mas con ella:

Fijamos fecha para un nublado 26 de junio del 2004... después de mas de un año de soledad, quedamos en que la Plaza de la Misericordia sería el primer lugar que nos viera juntos después de tanto tiempo. Los deseos y esperanzas se multiplicaron con las nubes.

Entre abrazos y miradas se juntaron nuestros latidos y con ellos llegó un primer paso...

 

 

Pero fue corto el tiempo que duró aquella plaza como nuestro hogar, ya que nos vimos forzados a buscar otro sitio aquella misma tarde. Resulta que a alguien se le ocurrió construir una iglesia y un sanatorio frente al parque... Y las monjas y los galenos no entienden que no son Jesús ni las jeringas los que devuelven la vida a las personas, como tampoco saben que nuestro amor no solo cura, sino que sana. Pero los que conocemos a la murga, sabemos que a ella le es imposible evitar que sus latidos levanten a los muertos. 

No hubo caso. Me llevó de la mano hasta aquella plazoleta (que hoy es nuestro hogar) y donde al compartir nuestros primeros pasos juntos, conocimos a la otra belleza del barrio, que celosa de su nido se entrometió amablemente:

 

- ¿Alguien me puede explicar, que es lo que acá están haciendo?,

   y sabiendo que mañana... ¡yo empiezo a vivir aquí!

- Si un error yo cometí, espero estar disculpado

   y al final de nuestro ensayo, pronto nos veras partir...

      

Las viejas del pasaje Bialet Massé confirman que efectivamente al otro día en aquella misma  plaza, aquella murga contraería enlace con los mosqueteros del barrio... un enorme pasacalle anunciaba el compromiso:

Domingo 27 de junio llega la Murga Los Mosqueteros de Flores...

Esta bien, nos vamos, habló el sentido común y un permiso a su nombre. Pero mientras nos íbamos Dios sabe donde, nos guiñamos un ojo sabiendo que algún día nos volveríamos a cruzar.

 

 

 

Después de vagabundear un tiempito y gracias al Hombre con Bigotes, conseguimos refugiar nuestros ruidosos momentos en la Estación de los Deseos; estación que queda como todos sabemos entre el invierno y la primavera, pero dicen que más exactamente en la frontera entre Caballito y Flores, atrás del patio de los lecheros, en el límite exacto donde los trenes saludaban nuestros ensayos dentro de un viejo furgón. Cuando llegamos, encontramos por sorpresa allí instalados a Los Matadores de Tristezas, con quienes compartimos durante un tiempo aquel bigotudo refugio. Sin darnos cuenta, el furgón se puso en marcha un día y nos llevó hasta la Plaza de La Fuente donde empezamos a conocernos del todo y a prometernos gritando a los cuatro vientos el amor eterno y todas las cosas lindas que dicen los pibes tontos que se enamoran de una chica o de una murga. Lamentablemente los vecinos no entienden nada de amor, pero sí mucho de deporte, lo que terminó en el paulatino desarrollo de la disciplina “Centro a la Murga con Piedras” en el barrio: La indiferencia abrió su paraguas y seguimos nuestro romance bajo chaparrones de cantos que rodando semana a semana endurecieron nuestro destino:

Dicen que un día así nació de aquel amor, el Centro Murga La Revuelta de Flores...

del que todavía tengo en mi canasta una carta suya que nos dejó hace un tiempo, escrita por él mismo. Esperen... a ver si la encuentro...está dentro de este sobre   .. acá está. Dice:

 

 

 

Tiempo después, al final del invierno del 2004, mientras volaba tranquilamente por las calles del barrio, volví a cruzarme con aquella murga de los mosqueteros... estaba un poco decaída y los deberes responsables que sirven para el progreso y para el futuro le estaban robando la emoción del presente, de la misma forma que se habían llevado a la vieja satisfacción... ¿No querés venirte conmigo? me preguntó cansada. ¡Mirá que linda que es mi plaza...! ¡Y ni hablar del clima...! ¡Acá cuando llueve, cae agua!... en cambio... ejem... pensálo...

Las dudas precipitaban en mi cabeza junto a los cascotes; inevitablemente, la tensión y los celos empañaron el espejo de aquellos días. 

Una noche fría en el barrio, aterricé cansado en un bar cerca de la estación. Cabizbajo y meditabundo, reflexionaba sobre lo que iba a contestarle. En realidad estaba pensando en como hacer para quedarme con las dos, cuando de repente apareció una esbelta chica rubia, fría, y amargada, que sin pedir permiso se sentó en mi mesa. Me miró a los ojos y le dije:

 

      - Te conozco de otro lado... no serás vos La Tristeza?

- No, mi amor, ya estás escabio... a mi me llaman Cerveza 

- De tu fama estoy al tanto, más no sé tu procedencia

- Estoy cebada y soy quilmeña... ¿que te pasa? ¿algún problema?

- Dos amores sin manera, de hacer que las dos me quieran

- Si me usas de solución, también te seré problema... pero si me das un beso,

         yo te doy una respuesta...

 

Bueno, de más está relatar la pasión con la que nos besamos durante toda aquella noche empalagada de olvido, por que solo quedó de aquel encuentro, el sabor a una resacosa esperanza derramada en una carta-servilleta que decía así:

 

Lendo:

 

“Las dos tuyas siempre fueron, seducilas eligiendo,

vestirlas con los colores, que de mi cuerpo son dueños:

el azul, turquesa, el blanco, y también te dejo al negro,

para cuando las vean juntas, les proponga casamiento...

 

...en la calle que hizo su iglesia, pregunten por el Dios Momo

que el sabe de ceremonias, de murgas y de polleras.

Dentro de Flores él vive, así que no habrá problema,

y díganles que de mi parte, los bendiga en una fiesta...

 

...que brinde con ellas presentes, mientras vos, dejale un sueño

que junte dos almas ajenas, para que se encuentren de nuevo

y que baile en la estrella del barrio, no importa que no tenga nombre,

brillando sobre el pavimento, salud! centro murga... de flores

 

Un 15 de Noviembre del Dos Mil Cuatro, nos comprometíamos entonces en una ceremonia festejada en un pago lejano, dentro del Bosque de un tal Palermo, escondidos bajo las vías del furgón que nos acechaba desde arriba... Se unieron para debutar las dos murgas gracias a los consejos de una rubia y la magia de dios momo que nos hizo el gancho...

¿Y yo? yo solo volaba...

Sangrando Sueños, amigos nuestros!! Nos prestaron sus trajes y colores para lucir como se debe en una fiesta como aquella, ya que como toda buena murga joven que debuta, no solamente no teníamos plata ni experiencia, sino que tampoco teníamos ropa...

Toda la noche de bodas festejamos como correspondía, haciendo lo que se debe.

 

Al despertar al otro día, mirando a mi nuevo amor descansar con su tierna y eterna sonrisa dibujada entre los labios, el eco de lo vivido derivó en una sola y bien presente conclusión:

El carnaval es la vida, señores, mientras cada día siga siendo nuestro el desfile y cada día lo bailemos como si fuera el último, haciendo de la murga el infinito sentimiento que cada uno lleva adentro y que hace de cada latido de bombo, la fuerza que nos hace perder el miedo a la tristeza, al futuro, a la muerte... a todo: ser murguero es el orgullo de quien decide su propio destino y a su propio ritmo, sin dejarse marcar los pasos por nada ni nadie...

 

Y en cuanto al final de la historia, queda decir solamente que tuvimos varias salidas mas, medio desnudos, medio vestidos; pero como sabemos que lo importante no esta afuera, así y todo, nuestros momentos en felicidad crecieron junto a nuestra pobreza, lo que de a poco nos fué llevando hacia el nombre que hoy día identifica este sentimiento que no tiene palabras que lo describan... que no tiene presentación...

Una tarde de otoño, más precisamente un 16 de Abril del 2005,  bautizamos nuestro   cuerpo en nuestra casa, la Plaza Herminia Brumana, en una verdadera fiesta barrial

y bajo un nuevo nombre...

 

 

 

...porque nacimos de un sueño, nos sobran las ilusiones.

Señores nosotros somos, Centro Murga...

 

 

Los Impresentables de Flores